Servicio doméstico. La selección del empleado de hogar

Servicio doméstico: la selección del empleado de hogar

Reflexiones sobre la contratación de empleados del hogar para el servicio doméstico

No es la primera vez que un conocido se acerca a nuestras oficinas solicitando consejo sobre la contratación que ha realizado para su servicio doméstico: ¿qué piensas de esto? ¿qué opinas de lo otro? ¿he hecho esto, está bien?

¿Hasta qué punto afectan los consejos y opiniones de las personas que nos rodean? Y por qué no cuestionarlo: ¿hasta qué punto estos consejos pueden suponer una ilegalidad con posibles consecuencias legales?

Mi empleada de hogar me ha denunciado por contratarla sin papeles

El ser humano es especialmente eficaz en el ámbito laboral cuando trata de valorar una decisión y seleccionar la adecuada; pero por el contrario, cuando hablamos de empleados del hogar, esa misma persona tiende a relajarse, y a pesar de su racionalidad, puede llegar a tomar una decisión inadecuada. Es entonces, cuando la razón y la emoción, por separado, se convierten en procesos que pueden perjudicar nuestro futuro por medio de decisiones desacertadas.

¿Qué es una decisión acertada? En principio la respuesta parece fácil: es aquélla que mayor beneficio nos aporta

No es extraño que el mundo del servicio doméstico se base generalmente, en opiniones, en leyendas urbanas y en consejos de personas que se encuentran en nuestro círculo de amistades o entorno cercano. Es decir, en personas que presuponemos que ya han analizado detenidamente los pros y los contras para tener la potestad y la autoridad de comentar dichos consejos. Recordemos que para tomar una decisión acertada es necesario disponer de toda la información posible sobre cada una de las alternativas entre las que es posible escoger y las consecuencias que cada una podría conllevar. Pero, ¿tenemos la certeza de que estas personas han estudiado previamente las posibles consecuencias de sus “sabios” consejos? ¿Han seguido las ocho etapas en las que se segmenta una toma de decisiones?

¿Qué puede pasar al contratar a una empleada sin papeles?

Este articulo quiere reflejar situaciones que Domukea vive constantemente y que, por más que se prevenga a las familias, éstas siguen haciendo caso omiso pensando que “je, je, a mí no me pillarán”.

 

  1. La identificación de un problema:

Este primer paso del proceso suele, por lo general, ser similar en todas las familias. Una familia, con o sin experiencia en la contratación de empleadas del hogar, considera que necesita asistencia a domicilio para cuidar de su pareja o progenitores. Puede que el desencadenante del problema sea el resultado de un accidente doméstico. O puede que la familia venga observando desde hace tiempo que uno de sus padres, o los dos, tienen dificultades para el normal desarrollo de sus actividades diarias: asearse solo, vestirse, comer… y éste sea motivo más que suficiente para buscar una asistencia domiciliaria. O simplemente, puede que nuestros padres quieran sentirse más cómodos y arropados (“ya he trabajado bastante en vida”) y aun no necesitándola, quieran contratar ayuda doméstica.

Para que una situación pueda considerarse un problema, la familia debe disponer de un presupuesto realista, una información veraz. Pensemos que contratar una empleada del hogar requiere de unos gastos mínimos (seguridad social, nomina, vacaciones, manutención, etc.) a los que hacer frente. En caso contrario, nos encontraremos frente a una situación irreal.

 

  1. La identificación de los criterios para la toma de decisiones

Todas las personas cumplen un rol en el seno de la familia, aunque no sean conscientes de ello, roles que muchas veces se asumen involuntariamente. En este punto, en la identificación de los criterios en la toma de decisiones, es importante conocer quién va a asumir la responsabilidad de saber cuáles son las pautas a seguir de cara a enfrentarse al problema y cuáles deben obviarse.

Aquí nos encontramos, en multitud de ocasiones, con familias divididas en las que ningún miembro quiere hacerse responsable en la toma de decisiones, donde la disparidad de criterios respecto a qué es importante y lo que no es, retarda la consecución del objetivo, o incluso, en el peor de los casos, se relega la decisión sine die sin alcanzar un consenso. Este perfil de familias suele acabar considerando que la mejor opción para alcanzar un acuerdo es que una agencia especializada en servicio doméstico gestione la operación como intermediario e interlocutor entre las partes.

En otras, gracias a Dios, una persona asume el rol de administrador de la toma de decisiones agilizando y facilitando la resolución del problema.

 

  1. La asignación de ponderaciones a los criterios

No todos los criterios tienen la misma relevancia en la toma de decisiones finales. Es obvio que el factor dinero puede ser un criterio preferente para algunas familias, mientras que otras dan más importancia a la profesionalidad de la empleada del hogar.

Evidentemente, aquí es donde la toma de decisiones a la hora de contratar o no una empleada del hogar empieza a naufragar. ¿Qué ponderación debe darse a la selección de una empleada del hogar sin papeles? ¿Por encima del factor presupuesto? ¿Por debajo? ¿Es importante tener constancia de si la empleada de hogar lleva años sin visitar su país? ¿Qué puntuación le damos cuando tengamos que tomar la decisión?

 

  1. El desarrollo de alternativas

También es importante tener en cuenta que quien asuma la responsabilidad de la toma de decisiones, debe tener la capacidad para conseguir y para presentar las alternativas diligentemente. De nada sirve otorgar la administración del problema a quien no sepa presentar convenientemente la información obtenida por distintos canales.

La empleada de hogar puede denunciar su situación ante la administración si no se ha realizado el contrato legal; y es que recordemos que todo trabajador tiene derecho a contar con una situación legalizada.

A veces, nos encontramos con personas impulsivas que quieren liderar un proyecto sabiendo de antemano que no es la persona más adecuada para dirigirlo, pero lo cierto es que “la vida no está libre de obstáculos”.

 

  1. El análisis de las alternativas

Una vez que el responsable (o responsables) haya recopilado toda la información, deben estudiarse minuciosamente las diferentes alternativas, ordenando y comparando en función de los criterios seleccionados. En este punto, gracias a su carácter, la evaluación subjetiva suele formar parte de los juicios de valor.

“Sabéis que mamá tiene un carácter sibilino y no es fácil llevarla”

Si la familia ha llegado a esta etapa, puede decirse que ya tiene medio camino realizado, si bien es cierto que, aún falta mucho por alcanzar la meta. La realidad nos dice que las familias suelen discrepar cuando emiten un juicio de valor que, por norma general, suele tener un fuerte componente subjetivo. Por lo tanto, es un punto donde suelen encasillarse los problemas, ya que lo que para uno es bueno, para otro puede ser no tan bueno.

 

  1. La selección de una alternativa

Es el momento de elegir una sola alternativa: la mejor de las presentadas según el procedimiento establecido. La persona que ha asumido el rol de responsable del proyecto debe decidir sabiendo que si acierta no se llevará ningún premio, pero que en caso de seleccionar la alternativa errónea tendrá fuertes reticencias familiares.

“Para papá la mejor opción es una persona interna que le lleve al centro de día entre semana”

Cuántas veces habremos oído en Domukea que, “mi hermano se equivocó, porque nuestra madre prefería estar sola de día y tener un acompañamiento nocturno”.

¡Qué fácil resulta criticar u opinar cuando algo no sale como se esperaba!

Aquí siempre es importante que, aunque la decisión final pueda ser tomada por el responsable del encargo, la decisión debe ser asumida por todos y cada uno de los partícipes, como si todos tuvieran parte de responsabilidad de la decisión. No se trata de buscar culpables, sino de asumir que nos equivocamos.

 

  1. La implantación de la alternativa

Lo primero que hay que hacer para llevar a cabo la decisión es comunicarla a las personas afectadas y conseguir que se comprometan con ella. Es más fácil conseguirlo si las personas responsables de ejecutar una decisión participan en el proceso.

“Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente”

Es probable que en algunas familias encontremos personas que quieran “escurrir el bulto” y “lavarse las manos” para luego no sentirse responsables de la decisión adoptada. Como bien hemos mencionado anteriormente, “la vida no está libre de obstáculos” y a ellos debemos enfrentarnos.

 

  1. La evaluación de la efectividad de la decisión

¿La solución adoptada ha corregido el problema? Buena pregunta que en multitud de ocasiones no es comprobada. Si el problema persiste, tendrá que estudiarse cuál de las fases anteriores resultó errónea.

Tal vez la próxima vez sea más provechoso optar una agencia especializada en selección de personal doméstico que haga el trabajo que la familia no ha sido capaz de llevar a cabo con éxito.

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