Cuando empezamos a ser mayores, un viraje peligroso
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Cuando empezamos a ser mayores, un viraje peligroso

17-03-2015Diego

¿Se ha vuelto a caer su madre del taburete? No es fácil ser mayores

El fin de semana siempre se queda corto; ya saben. Uno tiende a sacrificar algunas obligaciones, en favor de deseos y citas lúdicas. Pero este fin de semana en particular, las obligaciones han prevalecido sobre todas las cosas, y es que, mamá se ha vuelto a caer. Ser mayores implica sufrir ciertos riesgos.

¿Cuándo empezamos a ser realmente unos viejos, a los sesenta, a los setenta... y por qué?

Queda mucha vida después de los sesenta años, pero el proceso que conlleva la asimilación de que la edad pasa inexorablemente para todo ser humano, requiere su tiempo. Para aprender a envejecer se requiere ante todo de una preparación interior, ayudada por la sabiduría, prudencia y sentido de previsión que se ha adquirido en el paso por la vida. Sin esta preparación interior, posiblemente llegará el momento en que le entenderán menos y entenderá menos a los demás.

El ser humano cuando se va haciendo mayor, va perdiendo capacidades físicas y psíquicas; es la ley del envejecimiento.

Muchas veces somos los hijos quienes no dejamos que nuestros padres sean felices. No somos conscientes de que siguen sintiendo, pero sobretodo, que desean y tienen todo el derecho a disfrutar de la vida que les queda y les pertenece. No es lo mismo un jubilado que acude regularmente a la piscina, sigue la actualidad leyendo diarios, frecuenta a sus amigos y familiares, o simplemente que colabora en una ONG o partido político, que otro cuyas únicas actividades reseñables, son dormir, ver la TV, jugar a cartas y quejarse de sus enfermedades ante sus compañeros pensionistas.

Los hijos están acostumbrados a ser hijos: no sabemos cómo se hace, no terminamos de tener claro si tenemos que tomar decisiones por ellos o no

Por lo tanto, una cosa es negar la evidencia del envejecimiento mediante el “autoengaño” y otra, que la familia empiece a tomar decisiones por ellos, en su intención de cuidarlos, haciéndolos sentir inútiles. Las familias deben comprender que las personas mayores requieren de un aprendizaje para aceptar con alegría que han alcanzado la edad dorada. Aprendizaje y adaptación a la nueva situación, pero ¿nos adaptamos nosotros a su nueva situación?

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